martes, 7 de marzo de 2017

Morgenblätter

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De repente me han entrado unas ganas locas de bailar. Me voy a poner a todo trapo a Johann Strauss hijo. Dejaré aquí algunas notas rápidas, algo así como las instantáneas de los giros, cabriolas y piruetas que me inspira el vals de los morgenblätter. No descarto desacompasados trancos al fin y al cabo no soy una sissi, ni violentos sobresaltos los matutinos tampoco son precisamente un dechado de filarmonía vienesa. Muchas veces bailaré a destiempo, de forma intempestiva, porque me parezco un poco a la vieja aquella que retrató Larra:

«Y es el caso que vivía y leía (al uso del país) tan despacio y con tal sorna, que habiéndose ido atrasando en la lectura, se hallaba el año 29, que fue cuando yo la conocí, en las Gacetas del año 23, y nada más; hube de ir un día a visitarla, y preguntándola qué nuevas tenía, al entrar en su cuarto, no pudo dejarme concluir; antes arrojándose en mis brazos con el mayor alborozo y soltando la Gaceta que en la mano a la sazón tenía:
–¡Ay, señor de mi alma! –me gritaba con voz mal articulada y ahogada en lágrimas y sollozos, hijos de su contento–, ¡ay, señor de mi alma! ¡Bendito sea Dios, que ya vienen los franceses, y que dentro de poco nos han de quitar esa pícara Constitución, que no es más que un desorden y una anarquía!».

En Kaffekantate seguiré leyendo los papeles del año 23 y maldiciendo la llegada de los Cien Mil Hijos de San Luis; aquí me daré a las gacetas del día. Y quien dice del día dice de la semana o del mes, porque la periodicomanía de Lieschen consiste en tener siempre a mano una pila de periódicos atrasados por leer.


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